lunes, 5 de enero de 2015

Travesuras de la Niña Mala



Travesuras de la Niña Mala: el Gran Vargas Llosa.

Tuve el placer de leer éste libro en un fabuloso viaje a Argentina en 2011. Recuerdo estar tomando una copa de Malbec en un hotelito en El Calafate, mientras devoraba una maravillosa historia que me enganchó de principio a fin. De vez en cuando vuelvo a la estantería, donde le guardo un espacio apartado en el que tengo los libros que más me han gustado, y releo algunas partes...


En Londres, París, Tokio y Madrid se desarrolla ésta novela (además de Lima al inicio). Deliciosos lugares que sirven de escenario a una historia que habla más de deseo que de amor, y más de lujuria que de romanticismo. Era la primera vez que leía a Vargas Llosa y puedo afirmar que saboreé cada página.


Los protagonistas son Ricardo y Lily, “la niña mala”, la “chilenita”. Lily, es un poco como Pessoa, muchas personas sin ser ninguna de ellas. Lily es la droga de Ricardo, y es tan sumamente adictiva que yo no sabría decir qué es más perjudicial y doloroso para él, si la presencia o la ausencia de la “chilenita”. 


Viajes,  vicio, amor ciego, manupulación... el poder del erotismo elevado a la enésima potencia. Ella tan cruel que, como lector, apetece meterse dentro de la historia y darle un par de bofetones  a Ricardito para que espabile.


En varias partes del libro, el sexo se manifiesta como un placer supremo que no vale la pena echar a perder con preocupaciones sin importancia. Por ello Ricardito siempre vuelve a caer... una y otra vez, una y otra vez. 


“El secreto de la felicidad, o, por lo menos, de la tranquilidad, es saber separar el sexo del amor. Y, si es posible, eliminar el amor romántico de tu vida, que es el que hace sufrir”, dice el Gran Mario.

¡Desde luego otro gallo le hubiera cantado a Ricardito si le hubiera hecho caso a su creador!

Disfrutando de la paz del Lago Argentino, en El Calafate

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