Travesuras de la
Niña Mala: el Gran Vargas Llosa.
Tuve el placer de
leer éste libro en un fabuloso viaje a Argentina en 2011. Recuerdo estar
tomando una copa de Malbec en un hotelito en El Calafate, mientras devoraba una
maravillosa historia que me enganchó de principio a fin. De vez en cuando vuelvo
a la estantería, donde le guardo un espacio apartado en el que tengo los libros
que más me han gustado, y releo algunas partes...
En Londres,
París, Tokio y Madrid se desarrolla ésta novela (además de Lima al inicio). Deliciosos
lugares que sirven de escenario a una historia que habla más de deseo que de
amor, y más de lujuria que de romanticismo. Era la primera vez que leía a Vargas Llosa y puedo afirmar que saboreé cada página.
Los protagonistas
son Ricardo y Lily, “la niña mala”, la “chilenita”. Lily, es un poco como
Pessoa, muchas personas sin ser ninguna de ellas. Lily es la droga de Ricardo,
y es tan sumamente adictiva que yo no sabría decir qué es más perjudicial y
doloroso para él, si la presencia o la ausencia de la “chilenita”.
Viajes, vicio, amor ciego, manupulación... el poder
del erotismo elevado a la enésima potencia. Ella tan cruel que, como lector,
apetece meterse dentro de la historia y darle un par de bofetones a Ricardito para que espabile.
En varias partes
del libro, el sexo se manifiesta como un placer supremo que no vale
la pena echar a perder con preocupaciones sin importancia. Por ello Ricardito
siempre vuelve a caer... una y otra vez, una y otra vez.
“El secreto de la
felicidad, o, por lo menos, de la tranquilidad, es saber separar el sexo del
amor. Y, si es posible, eliminar el amor romántico de tu vida, que es el que
hace sufrir”, dice el Gran Mario.
¡Desde luego otro gallo le hubiera cantado a Ricardito si le hubiera hecho caso a su creador!
¡Desde luego otro gallo le hubiera cantado a Ricardito si le hubiera hecho caso a su creador!
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| Disfrutando de la paz del Lago Argentino, en El Calafate |


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