miércoles, 7 de enero de 2015
La perfección no está de moda
Por Laura Guzmán Linares, 3 de Enero de 2015
No pensaba publicar cosas muy personales aquí, pero la avalancha de sensaciones que, literalmente me invaden éstos últimos días, me ha hecho cambiar de opinión. Si con este post puedo ayudar a una única persona, me daré por satisfecha.
Como dice Calamaro en una de sus canciones, “hay días para quedarse a mirar”. Yo llevo unos cuantos días así, con un nudo en el estómago y una sensación bastante extraña que va bajando y subiendo de intensidad en función del festival de pensamientos que se han instalado en mi cabeza.
Pero esta mañana todo ha cambiado, pues me he decidido a colgar el “reservado el derecho de admisión” y ya no voy a dejar que entre en mi coco ni uno más de esos malditos cabrones que susurran ideas irracionales y cuyo único objetivo es apagar mi sonrisa.
Esta mañana una gran amiga, medio en broma y dándole de manera muy aguda un aire superficial (que me caló muy profundo) me dijo: “tía no te pega nada caer en una vulgaridad así”. Me dijo que la perfección no está de moda, y que ya podía ir guardando esa fusta criminal con la que llevaba jugando varios días... a menos que quisiera usarla para satisfacer otros placeres físicos.
Sobredosis de exigencia, le llaman algunos... ella, mi amiga, habla con conocimiento de causa, pues también tiene la manía de pedirse demasiado a veces, y de juntarse con otra cargante compañera que se llama Responsabilidad, cuya R es tan mayúscula y pesada que a veces resulta difícil de gestionar.
Como toda sobredosis, sus efectos son letales... bulimia, anorexia, ansiedad, depresión... todos consecuencia de una misma causa y que pueden ser atajados si se detectan a tiempo. Todos víctimas de los devaneos de la mente, que, si no recibe los cuidados que necesita, puede llegar a convertirse en el mayor enemigo de uno mismo.
Me siento orgullosa de haber tenido la suerte de superar una putada de enfermedad difícil de entender por aquellos que no la han pasado. Por eso cada día me levanto y salgo a la calle con mi mejor sonrisa, dando gracias a no se qué o quién por ser una persona mucho más fuerte que antes y con muchas ganas de vivir cada momento con la máxima intensidad.
A veces el precio que se paga por querer ser el mejor en todo es muy caro. A veces el que menos tolera su fracaso es uno mismo. A veces uno mismo es suficiente para decirse todo lo que NADIE le diría nunca.
Pero lo que no sólo pasa a veces, sino siempre, es que después de un día malo viene otro mejor y que tropezando y cayendo se hace camino. A todas esas personas que se identifican con ésta virtud, que llevada al extremo puede no ser tan positiva, decirles que lo que está de moda es darlo todo, no dejarse nada en el tintero, luchar por lo que uno quiere, marcarse objetivos y trabajar para conseguirlos. Está de moda no dar “una bola por perdida”, ponerle alma, corazón y vida a lo que se hace, sea lo que sea que se quiera conseguir en la vida.
... el resto son horteradas.
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